Hay días en que lo doy todo por perdido, como hoy. Soy una malabarista rota sin la pericia necesaria para mantener la torre de naipes en pie.
Que se caiga de una puta vez.
Está entrando agua en el barco y sólo yo peleo por sacarla. El naufragio es inminente.
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sábado, 9 de abril de 2016
miércoles, 24 de abril de 2013
Esfuerzo y recompensa
Hay que romper, dijo. Romper las riendas del caballo desbocado hacia la tierra yerta, ese lugar donde nadie te moleste, ni siquiera la vida.
Hay que...
Hay.
martes, 24 de julio de 2012
Intangible
Llámale color a la forma en que pintas la mañana, totalmente desapercibido, sin pinceles ni lienzo.
Mientras me cabe el infinito cuando me buscas con los ojos de no mirarme y las manos que no me tocan, va pasando la vida, y voy de cuando en cuando al rincón de las marionetas, por si has regresado.
No puedo comerme todos los minutos de la ausencia, aunque todo pase sin contar conmigo.
Mientras me cabe el infinito cuando me buscas con los ojos de no mirarme y las manos que no me tocan, va pasando la vida, y voy de cuando en cuando al rincón de las marionetas, por si has regresado.
No puedo comerme todos los minutos de la ausencia, aunque todo pase sin contar conmigo.
domingo, 4 de marzo de 2012
El protector de sueños
A pesar de su negrura despliega una luz poderosa, alcanzándome incluso cuando soy sólo penumbra.
Me seducen sus talentos con la misma intensidad con la que un primer truco de magia seduce a un niño.
A veces me despierto ciega en mitad de la noche, huyendo de los fantasmas. Entonces lo busco y lo guardo en mi mente.
Todos los espectros se van, vencidos.
sábado, 4 de febrero de 2012
Sueño invernal
Escucho esta canción y veo a la Pávlova bailando en la Plaza Roja, en una noche invernal.
El cielo es un lamento ruso lleno de estrellas.
Anna estira su mano para acariciar el canto de los pájaros nocturnos y sus ojos alcanzan el fondo de Dios.
No hay público pero es la dueña del mundo porque allí están todas las almas.
Cuánta belleza hay en la extrema fragilidad, en el movimiento lento de un cuerpo borracho de música y de nostalgia.
El viento silba en re mayor.
Cuánta belleza hay en la extrema fragilidad, en el movimiento lento de un cuerpo borracho de música y de nostalgia.
El viento silba en re mayor.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Sobre putas y violines
Hay un violín olvidado en el desván. Una gotera va hinchando su madera poco a poco, cada vez que llueve.
Le queda una cuerda, una triste cuerda deshilachada y sola.
Cuánto más se deteriora el violín, más se tensa.
Está diluviando.
****
Me dió pena y la escuché de nuevo. Y volvimos a lo mismo, al mismo barrizal hipócrita de siempre.
Si me queda dignidad, tengo que presentar mi dimisión.
miércoles, 10 de diciembre de 2008
Silencio de palomas
Hubo un silencio de palomas en la plaza . Los niños dejaron sus juegos y se miraban unos a otros con gesto compungido, sin entenderse entre ellos. El aire pesaba en los pulmones como pesa el dolor en un cuerpo que no puede expresarse.
Una nube cruzó el paisaje tan rápido que parecía hallarse en un film de los hermanos Lumiére. Todos eramos una fotografía.
No sé si fueron segundos o siglos, pero nadie parpadeó hasta que el reloj del campanario tañó una hora que ninguno pudimos comprender.
Empecé a observar como la tarde iba recuperando sus colores y movimientos cuando vi a un hombre de edad impredecible, muy bello en sus rasgos, pálido, con un muerto dibujado en los ojos.
Corrí hacia él porque sabía que tenía las claves. Tuve un instinto fuerte de acariciarle pero me contuve.
-¿Qué pasó? le pregunté.
-Nada, me dijo, se me ha muerto un sueño.
Una nube cruzó el paisaje tan rápido que parecía hallarse en un film de los hermanos Lumiére. Todos eramos una fotografía.
No sé si fueron segundos o siglos, pero nadie parpadeó hasta que el reloj del campanario tañó una hora que ninguno pudimos comprender.
Empecé a observar como la tarde iba recuperando sus colores y movimientos cuando vi a un hombre de edad impredecible, muy bello en sus rasgos, pálido, con un muerto dibujado en los ojos.
Corrí hacia él porque sabía que tenía las claves. Tuve un instinto fuerte de acariciarle pero me contuve.
-¿Qué pasó? le pregunté.
-Nada, me dijo, se me ha muerto un sueño.
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