Despiértame el vientre con el mismo beso que diste a todas las princesas que dormían, con la misma humedad que acumuló mi sangre allí donde fue tu boca.
Sácame de la cabeza todo lo que no seas tú, devuélveme el deseo. Lo perdí en el banco de aquella estación donde Penélope sigue esperando.
Dice Pablo López, cantautor español, que su objetivo en la música es emocionar. La llorera que me he pegado con este vídeo es buena muestra de que lo consigue de forma magistral. Me quito el sombrero.
"Te quiero matar de amor y no lo sabe nadie. Nadie puede imaginárselo."
Pablo López
miércoles, 18 de febrero de 2015
Siempre vuelvo a ti cuando estoy jodidamente triste
La felicidad son tres minutos y cincuenta y dos segundos, el tiempo exacto que dura esta nana. La escucho detrás de los cristales mientras el gris noche va borrando el campanario.
Se despereza el mirlo y comienza a cantar, parece que ríe, pero sé que está hablando conmigo. Somos viejos amigos, dos aves nocturnas que duermen cuando la ciudad despierta.
El gran árbol que tapa la luna, -aquel que estaba tan desnudo hace poco- ha vestido las aceras con flores.
¿Quieres magia? solo tienes que abrir los ojos.
Y pasan los tres minutos y cincuenta y dos segundos y la música se me torna triste cuando calla.
Hay canciones que me ponen los pelos de punta, independientemente del idioma en el que estén. Esta es una de ellas.
Caigo, poco a poco me voy, la física me cautiva y la gravedad me inclina a tus pies. Caigo, al mismo tiempo deshago los nudos que rigieron este frágil equilibrio. Mi nada dura mucho. Me muevo, no soy de este lugar, de este país de aire. Nunca, nunca volveré a vivir con el peso que arrastra la mentira, la rutina, el triste engaño. Sin final yo caigo, el mundo entero se despeña contra los cristales de mis días. Caigo, me hundo en el agua, la corriente me lleva cerca de mi país de aire. El impulso de un instante dibuja mi salto, atraviesa los espacios en blanco. Llegas y te vas. La vida se deshace invisible en el mar de los años. Canto sin red, salto y siempre caigo, nada dura mucho. Me muevo, no soy del lugar del viejo país de aire. El impulso de un instante dibuja mi salto, atraviesa los espacios en blanco. Llegas y te vas. La vida se deshace invisible en el mar de los años. El impulso de un instante dibuja mi canto. Atravieso los espacios en blanco. Llegas y te vas, y la vida se deshace invisible en el mar de los años.