miércoles, 10 de diciembre de 2008

Silencio de palomas

Hubo un silencio de palomas en la plaza . Los niños dejaron sus juegos y se miraban unos a otros con gesto compungido, sin entenderse entre ellos. El aire pesaba en los pulmones como pesa el dolor en un cuerpo que no puede expresarse.
Una nube cruzó el paisaje tan rápido que parecía hallarse en un film de los hermanos Lumiére. Todos eramos una fotografía.
No sé si fueron segundos o siglos, pero nadie parpadeó hasta que el reloj del campanario tañó una hora que ninguno pudimos comprender.
Empecé a observar como la tarde iba recuperando sus colores y movimientos cuando vi a un hombre de edad impredecible, muy bello en sus rasgos, pálido, con un muerto dibujado en los ojos.
Corrí hacia él porque sabía que tenía las claves. Tuve un instinto fuerte de acariciarle pero me contuve.
-¿Qué pasó? le pregunté.

-Nada, me dijo, se me ha muerto un sueño.