sábado, 21 de enero de 2012

Sumisión


Yo te quiero sumiso
como un perro muerto de hambre,
atado en cruz debajo del Cristo
y babeando,
erecto
como un obelisco en medio de la nada.

Tanto te deseo
que el sexo se me quema
entre los muslos.

Y empiezo a desenclavarte,
a beberme toda la sal de tus poros,
toda la hombría de tu carne.

Mientras nos comemos la boca
te susurro al oído

penétrame

ahora.