martes, 9 de diciembre de 2008

Requiem por el amor


El amor se me ha suicidado.
Oremos, todos juntos
por el soneto que no nacerá.
Lo tenía en la cabeza,
en el corazón y en el vientre
y se me ha desprendido
como un feto sin útero,
como un Cristo sin cruz
o un hombre sin memoria.

No pude retenerlo,
le hice poemas, arrumacos
y hasta banderas de libertad,
pero él solo leía a Becquer
y cantaba a las sirenas
en una piscina prefabricada.

Fue tan grande el impacto
que no encontraron
ni el carnet de identidad.

Y no tengo plañideras para la ocasión
ni discurso para la despedida,
solo un espejo que me sonríe
insultándome,
borracho de libertad.